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Capacidades innovadoras en micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) colombianas.

Elaborado por:  

Nubia Stella Salazar[1]

Jorge Andrés Vivares[1]

Julia Clemencia Naranjo [2]

Todo parece indicar que, en tiempos de crisis, como la generada en Colombia durante el 2020 por la pandemia ocasionada por la COVID-19, cuando las economías locales parecer saltar en pedazos, la única solución para que las empresas permanezcan en el mercado y agreguen valor es la innovación.

Pero eso no es todo. Con una capacidad de inversión financiera afectada por los estragos de la pandemia, variables como el comportamiento innovador, el aprovechamiento del capital humano, el énfasis directivo y la participación de los empleados podrían ser la salida de más alto impacto para el fortalecimiento de los procesos de innovación de las empresas, especialmente las de menor tamaño. Así lo demuestran los autores del proyecto de investigación en desarrollo titulado “Modelo de innovación para micro y pequeñas empresas (fase I)”, formalmente avalado por la Escuela de Ciencias Básicas, Tecnología e Ingeniería, bajo el código ECBTIPIE422019, con el objetivo de comprender mejor la dinámica innovadora en este tipo de empresas y obtener hallazgos que contribuyan a su mejoramiento. Veamos un poco sobre el contexto de estas afirmaciones.

Hay dos razones potentes que ponen de relieve la necesidad de fortalecer la innovación. De un lado, el empresariado colombiano se enfrenta constantemente a presiones del mercado que las reta a ser cada vez mejores. Por ejemplo: la creciente globalización expone a las empresas a una competencia con actores extranjeros que ingresan con nuevos productos, servicios, tecnologías o precios que las presiona a innovar en sus estrategias. De otro lado, la pandemia ha llevado a muchas empresas a reinventarse para sortear todo tipo de desafíos, entre ellos, el estancamiento de la economía, la necesidad de desarrollar nuevos productos, nuevas estrategias para la comercialización, la obligación de adoptar nuevos protocolos para la producción y la interacción de sus equipos de trabajadores, entre muchas otras cuestiones.

En últimas, las empresas necesitan ser innovadoras para permanecer en el mercado y, muy especialmente, para agregar valor a la economía colombiana. Especial atención merecen las micro, pequeñas y medianas empresas, también conocidas como mipymes, porque constituyen más del 90% del total de empresas, aportan alrededor del 80% del empleo y el 35% del PIB en el país, según información del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) para el año 2019. Es decir, gran parte de la ciudadanía colombiana depende de este tipo de empresas, por lo cual todos los esfuerzos encaminados a fortalecer este segmento siempre serán relevantes.

Esta importancia estratégica contrasta con la falta de atención prestada a este tipo de empresas. Es una verdad de perogrullo que la atención dirigida a las mipymes ha sido débil tanto a nivel de política gubernamental como a nivel de la comunidad científica. Al revisar el estado del arte de la investigación a nivel internacional, se encontró que la mayor parte de las investigaciones se han realizado sobre la base de grandes empresas, por lo cual la teoría focalizada en mipymes es muy limitada y frecuentemente se basa en premisas lejanas a la realidad de este tipo de empresas, entre ellas, la posible necesidad de una alta capacidad financiera para innovar. Estas situaciones legitimaron científicamente el desarrollo del proyecto de investigación mencionado al inicio del artículo. Como avance del mismo se analizó una muestra de 140 empresas en todo el país y se lograron resultados en dos frentes.

El primer frente estuvo focalizado en el proceso formativo de un conjunto de estudiantes y en la realimentación a las empresas, puesto que las 140 empresas fueron analizadas por parte de estudiantes del curso “Modelos Gerenciales para la Innovación”, para lo cual utilizaron instrumentos diseñados por los investigadores. Tales instrumentos fueron desarrollados después de un análisis profundo de la literatura y del estado del arte en el tema a nivel internacional, lo cual les permitió a los estudiantes acceder a conocimientos especializados y de frontera, al tiempo que obtuvieron herramientas que podrán aplicar a futuro en otras empresas para las cuales laboren o hagan ejercicios de asesoría. Por su parte, el 95% de las empresas manifestaron que los temas trabajados en el proceso investigativo son relevantes y deberían ser considerados por las organizaciones que busquen ser exitosas; más allá, también expresaron que durante la interacción sostenida identificaron puntos que deberían fortalecer para ser más innovadoras. Sin duda, este es un indicador palpable de que el proceso adelantado hasta el momento permitió transferir conocimiento útil a las empresas para mejorar sus dinámicas innovadoras.

El segundo frente fue el científico, pues con los datos agregados de las 140 empresas se identificaron algunos patrones interesantes. Por un lado, si bien se encontró que la capacidad financiera es importante para capitalizar las dinámicas innovadoras, también se detectó que hay algunas variables de alto impacto para la innovación que se pueden intervenir con una baja inversión, siendo ellas: el comportamiento innovador, el aprovechamiento del capital humano, el énfasis directivo y la participación de los empleados. Los hallazgos preliminares probaron que estas variables se relacionan significativamente con la innovación y, más importante aún, con el desempeño global de la empresa. Como consecuencia, podría afirmarse sin temor a equivocarse que las mipymes deberían prestar más atención a estas temáticas.

Y no es para menos.  Se debe recalcar que el comportamiento innovador implica que los empleados en los diferentes niveles se caracterizan por su capacidad de proponer nuevas ideas para resolver problemas y aprovechar oportunidades, también porque respetan las ideas de los demás, poseen la capacidad de persuadir a otros acerca de las nuevas ideas o soluciones propuestas o porque tratan de identificar fondos externos para implementar las nuevas ideas, entre otras cuestiones. Este comportamiento no es gratuito, sino el reflejo de contar con un capital humano capacitado y comprometido con la empresa, lo cual se puede obstaculizar cuando los esfuerzos por retener el talento son insuficientes. A su vez, esta fortaleza se facilita cuando las empresas forjan una cultura organizacional basada en valores y hábitos que potencian los comportamientos innovadores; todo ello acompañado de procesos organizacionales flexibles que estimulan a los empleados a evolucionar, a participar en la solución de situaciones retadoras y adaptarse a los cambios tanto a nivel interno como externo.

Por otro lado, los resultados del avance investigativo presentado en este escrito también permitieron identificar que la mayor parte de las empresas, un 64%, se les podría clasificar como imitadoras, otro 16% como innovadoras, mientras que el 21% restantes son empresas que tienen una mezcla equilibrada de imitadoras e innovadoras. Lograr que nuestras empresas pasen de ser más imitadoras a innovadoras, podría incrementar de manera notable el impacto que representan para el país. Avanzar en esta vía permitiría aportar un mayor valor agregado en los productos y servicios que comercializamos, sin duda, ésta es una alternativa potente para cerrar la brecha que distancia a Colombia de los países desarrollados.

Cabe resaltar que además de las acciones expuestas anteriormente, en las cuales las mipymes podrían focalizar su atención para ser innovadoras, estas empresas requieren recursos. Y para ello, resulta indispensable la acción de los entes gubernamentales proporcionando conocimiento, asistencia, accesibilidad a recursos tecnológicos y económicos, entre otras dinámicas que faciliten el desarrollo de mejores capacidades en las mipymes, dada su importante influencia en el sector económico y social del país.

Finalmente, se resalta que los avances de la investigación fueron aprobados en un evento nacional y otro internacional: el “EXPOTECH 2020” , y el “XXXIV Congreso de la Academia Europea de Dirección y Economía de la Empresa – AEDEM”, respectivamente.

[1] Investigadores de la UNAD - Escuela de Ciencias Básicas, Tecnología e Ingeniería (ECBTI), adscritos a la Cadena de Formación Industrial.

[2] Investigadora de la Universidad Nacional de Colombia Sede Manizales, adscrita a la Facultad de Ingeniería y Arquitectura, Departamento de Ingeniería Industrial.

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